Volver de la playa por el paseo principal de la Barceloneta puede ser algo muy tentador. Aturdido por el sol y con el juicio afectado por un rugiente estómago, cualquiera de los restaurantes que enfilan este tramo puede resultar atrayente con sus terrazas a la sombra y su ajetreada actividad. Pero en la mayoría de los casos, el paseante se hará un favor si pasa de largo.
El único sitio en que merece la pena detenerse es, qué duda cabe, el último de ellos, o el primero si se viene desde la playa. El marisco es estupendo, pero su auténtica especialidad es la fideuà. Llene el plato de alioli y al ataque.
Con este encaprichamiento actual por los platos tradicionales de los chefs gourmet, te servirán unos canelones como te los preparó tu mama, sólo que mejores - y definitivamente, más caritos. Pero para mí, es carne en pasta con queso, y punto.
No importa si estamos casi a cero grados. Dicen que esta franquicia es sólo el primer paso de una cadena dispuesta a retar a Starbucks con sus tentaciones congeladas y batidos de fruta.
Los cínicos suelen decir que los restaurantes asiáticos de Barcelona necesitarían colgar afuera, en letras grandes, la comida que se sirve dentro, porque sólo comiéndola, no tendrás ni idea. En el nuevo restaurante de Ly Leap, en Muntaner, no dejaron nada al azar.
Soy un tío sencillo a quien sólo le ha gustado la idea de acortar la charla de cena cuando es inútil. ¿Para qué el rollo de "sí, tuve un buen día, también" cuando puedes responder "calla, no oigo lo que dice"?