| Axel ya por sí solo es una marca. El primero de una cadena que se autodenomina “heterofriendly”, fundado por los hermanos Julià. Ocupa una de las esquinas privilegiadas del Gayxample, el gaytown de Barcelona. Muchos turistas pasan para hacerse fotos en la fachada del hotel, que es todo un icono, flanqueado por la bandera arco iris. 66 habitaciones, ni muy pequeñas, ni muy amplias. Colores neutros, cuadros de fotografías de desnudos. Baños blancos de grifería y amenities mediocres, pero limpios. Los suelos, de mosaicos polícromos, son como su logotipo. Atención esmerada por parte del staff, respetuoso de las normas de no traspasar los límites de la confianza. Puedes colgar varias etiquetas en la puerta. Una de ellas dice: “Disturb, please”. El restaurante aceptable, conducido por chefs muy jóvenes y aún desconocidos. La terraza, atractiva, de madera y jardineras, con una piscina que funciona hasta por la noche. Quienes viven en las terrazas vecinas, siempre curiosos por ver lo que pueda pasar allí. |