El Eixample de Barcelona es el barrio donde todos los edificios tienen el mismo aspecto, y acabas caminando dos veces por las mismas calles porque tienes que hacer enormes círculos en cada cruce. Provocar que un restaurante resalte aquí es doblemente difícil porque no sólo todos los edificios tienen formas parecidas, sino que la mayoría de los "locales" son todos de la misma forma tubular - estrechos y profundos -, no muy diferentes de un 'railway apartment' de Manhattan.
Este lugar ha conseguido crear un cálido ambiente, eso es difícil de inicio – pero, qué menos se puede esperar cuando se etiqueta a sí mismo como una fusión de Saigon, Nueva Orleans y Vietnam? El concepto es sorprendente, aunque las opiniones están un poco divididas en cuanto a si esto es debido a, o a pesar de, la charlatanería del propietario.
Con este encaprichamiento actual por los platos tradicionales de los chefs gourmet, te servirán unos canelones como te los preparó tu mama, sólo que mejores - y definitivamente, más caritos. Pero para mí, es carne en pasta con queso, y punto.
No importa si estamos casi a cero grados. Dicen que esta franquicia es sólo el primer paso de una cadena dispuesta a retar a Starbucks con sus tentaciones congeladas y batidos de fruta.
Los cínicos suelen decir que los restaurantes asiáticos de Barcelona necesitarían colgar afuera, en letras grandes, la comida que se sirve dentro, porque sólo comiéndola, no tendrás ni idea. En el nuevo restaurante de Ly Leap, en Muntaner, no dejaron nada al azar.
Soy un tío sencillo a quien sólo le ha gustado la idea de acortar la charla de cena cuando es inútil. ¿Para qué el rollo de "sí, tuve un buen día, también" cuando puedes responder "calla, no oigo lo que dice"?