Dése un paseo por el puerto viejo un domingo y nunca se imaginará que sea un día para el descanso y la reflexión. El colmo del jaleo se encuentra en la esquina del puerto, donde los tres barrios de Barceloneta, Barrio Gótico y El Born convergen por un momento, el paseo se estrecha, y los restaurantes se apuran por hacer negocio. Con toda seguridad estresante, pero si lo observamos desde nuestro pequeño oasis de calma, disfrutaremos de él.
No es un auténtico lugar para tomar el brunch. Pero, ¿por qué ser pedantes? La comida del Portinyol, originalmente procedente de Arenys de Mar en la Costa Brava, está de rechupete, y las vistas que se disfrutan desde la azotea del museo son espléndidas. Entre en el museo sin pagar entrada, pero con una sonrisa altanera cuando deje atrás a la multitud.
Con este encaprichamiento actual por los platos tradicionales de los chefs gourmet, te servirán unos canelones como te los preparó tu mama, sólo que mejores - y definitivamente, más caritos. Pero para mí, es carne en pasta con queso, y punto.
No importa si estamos casi a cero grados. Dicen que esta franquicia es sólo el primer paso de una cadena dispuesta a retar a Starbucks con sus tentaciones congeladas y batidos de fruta.
Los cínicos suelen decir que los restaurantes asiáticos de Barcelona necesitarían colgar afuera, en letras grandes, la comida que se sirve dentro, porque sólo comiéndola, no tendrás ni idea. En el nuevo restaurante de Ly Leap, en Muntaner, no dejaron nada al azar.
Soy un tío sencillo a quien sólo le ha gustado la idea de acortar la charla de cena cuando es inútil. ¿Para qué el rollo de "sí, tuve un buen día, también" cuando puedes responder "calla, no oigo lo que dice"?