Podría decirse que es la versión pobre del cercano restaurante Commerç 24 de Carles Abellàn. Pero una descripción más acertada sería afirmar que se trata de una versión de pobres de tiempo. Antes que ser realmente barato, es probable encontrar una mesa disponible a pesar de haber olvidado hacer la reserva con suficiente antelación.
Esta comparación es algo injusta por tratarse de especies bien distintas. Puede estar en la misma calle, correr a cargo de otro de los alumnos del Bulli de Ferrán Adrià, e incluso servir pequeños platos innovadores tipo tapas. Pero ahí acaba todo parecido. Mientras que la experiencia de sentarse en Commerç 24 puede resultar algo formal y teatrera, este es un lugar ruidoso y concurrido que por casualidad sirve tapas estrambóticas.
Con este encaprichamiento actual por los platos tradicionales de los chefs gourmet, te servirán unos canelones como te los preparó tu mama, sólo que mejores - y definitivamente, más caritos. Pero para mí, es carne en pasta con queso, y punto.
No importa si estamos casi a cero grados. Dicen que esta franquicia es sólo el primer paso de una cadena dispuesta a retar a Starbucks con sus tentaciones congeladas y batidos de fruta.
Los cínicos suelen decir que los restaurantes asiáticos de Barcelona necesitarían colgar afuera, en letras grandes, la comida que se sirve dentro, porque sólo comiéndola, no tendrás ni idea. En el nuevo restaurante de Ly Leap, en Muntaner, no dejaron nada al azar.
Soy un tío sencillo a quien sólo le ha gustado la idea de acortar la charla de cena cuando es inútil. ¿Para qué el rollo de "sí, tuve un buen día, también" cuando puedes responder "calla, no oigo lo que dice"?